Esto no es un teléfono tablet

 :  
     
Leo sentada en una banca pública de la Avenida Juárez, frente a la Alameda, protegida por la sombra de uno de esos enormes edificios que abundan ahí y por todos lados. Junto a mí hay un bolero, repantigado, con un codo apoyado en el asa en forma de suela de su cajón de madera y que repite casi maquinalmente, sin fijarse demasiado en los paseantes: una boleada joven, una boleada, señorita, cinco minutos, cinco minutos, nada más cinco minutos, ya verá cómo quedan sus zapatos como nuevos. Ningún paseante se para. Todos llevan demasiada prisa. En esta ciudad todos llevamos demasiada prisa siempre. Termino el capítulo. El bolero me ve cerrar el estuche del libro.
– ¿Es un teléfono tablet? –me pregunta.

– No, es un libro electrónico

– ¿Un libro electrónico? Se parece a los teléfonos tablets.

– Sí, un poco se parece, es verdad. Pero no es un teléfono tablet.

Guardo el aparatito en mi bolsa. Él sigue mirándome.
– ¿Entonces es un libro electrónico?

– Sí. Es para leer.

– ¿O sea que no sirve para otra cosa?

– No.

Y él hace una cara de aquel que no entiende y está en todo su derecho. ¿Quién carajos querría hacer una cosa así? Comprar un trique que parece un teléfono tablet que no sirve para nada como no sea para leer. Yo intento salvarme. No sé de qué. No sé por qué. Y arremeto: 
– Sí, sirve para mucho. Sirve para guardar muchos libros. Miles de libros. Yo sólo tengo como seiscientos. Pero ¿se imagina cuántos libreros son? ¡Ahí cabe una librería entera! Claro, no tiene el olor a papel, ni tampoco se pueden guardar flores o separadores entre sus páginas. Sí, el libro tradicional es mejor. Y yo hace muchos años estaba convencida de que nunca leería en una cosa de estas. Pero ¡es una maravilla! ¡Se lo juro!

Él levanta las cejas, sonríe, se rasca la barbilla. Y dice: 
– ¡Ah! Pero entonces sirve para leer y ya.

– Sí. Sirve para leer. Y ya. 

Le sonrío de vuelta y me levanto. Me despido y le deseo buen día y buena suerte. Él hace lo propio y se queda diciendo entre dientes: ¡un teléfono tablet que sólo sirve para leer! No alcanzo a escuchar si se ríe. Y me alejo pensando (porque quiero pensarlo) que sí. Que no le pedí que me embetunara las alpargatas, pero creo que no fue necesario. Después de todo, tuvimos una charla de esas, que sólo en el centro de la ciudad.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s